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4, 2014 UP

En el ciclo “Conversaciones à la lettre”, en la Universidad de Palermo, ciclo que coordina Isabel García, Guillermo Díaz toma la palabra para referirse a la ubicación de dos planteos que recortarse pueden de “Maquinas de felicidad”, el documental de Adam Smith que se proyectó en esa oportunidad.


El poder ubicar una operación como la que lleva a cabo Bernays en un campo que damos a llamar freudiano, tal como se explicita en el texto “Psicología de las masas…” y que conlleva toda la discusión iniciada por C. Smith con su estado de excepción -y seguidas por tantos en el siglo xx- le permite al disertante considerar las visibilidad de los signos y el orden de las metáforas, es decir, preguntar cuál es el orden simbólico en función y el real que despeja. Por ejemplo: ¿Acaso existían mujeres fumadoras antes del brillo metafórico de “Antorchas de libertad”, mujeres que sí tenían lo que después de la operación les faltará? Si el deseo es deseo de algo (que el deseante no sabe) y que su Otro le interpreta mediante la demanda disipada en el slogan, queda pendiente una discusión Lacan-Bernays  cuyo tema es el deseo de otra cosa, antecendentes de la Cosa-Ding, y de una causa para el deseo.
Hay una topología y distintas dimensiones en juego. Desde Freud y su Nebenmensh (lo de al lado, temática espacial) lo prójimo aparece por fuera de todo semejante y de todo deseo en la medida que éste no escapa al campo del lenguaje, ubicándose en los intersticios. Desde Freud, pero nos anoticiamos que también Lacan en su ubicación como intruso-semejante ( cf. en el texto “Los complejos familiares en la formación del individuo”, incumbencias del complejo de intrusión).
Dos preguntas entonces son relanzadas a la conversación:
1-)      ¿La política está expurgada de la teología? (pero también esta pregunta vale para la lógica, la filosofía, la psicología y hasta para el psicoanálisis) Se destaca en el documental la operatoria de Bernays por la que el Poder intenta desplazar a la Ley. Y las Corpos ¿acaso se limitan en su ejercicio a sustituir el almenosuno localizado en su función de excepción fundante del paratodos? Parece que plantear las cosas así estrechan la complejidad de este tema acuciante que sigue en expansión en nuestros días.
2-)     Si el prójimo no es el semejante ¿queda por ello haciendo migas con el Uno de la excepción? Cuando no hay equilibrio por complemento queda compensado el sistema con un desequilibrio del suplemento? Se le escapa a la operación Bernays la ley de la entropía que enuncia que hay siempre un resto que es inasimilable a todo sistema cerrado, resto que el mismo sistema genera? Qué sucede con este resto y en qué, las figuras de lo prójimo, nos anotician de esta eventualidad. Freud no hace este tratamiento en un texto como “Lo siniestro”, en donde lo familiar engloba lo no semejante como su negación antitética. Sin embargo en el esquema de “Psicología de la masas…” sitúa un objeto, que llama exterior, y que no se corresponde con la línea de lo semejante que hace masa.

Se cierra que una conversación en donde varios de los presentes formulan sus apreciaciones y que tal vez una pronta filmación o desgravación nos permita valorizar.

09,2012

¿Freud con Schmitt?




En esta reunión se contó con la disertación de Luis M. Carrizo sobre la vida y obra de Carl Schmitt.
Hay un punto de arranque posible para este debate Schmitt-Freud: la facultad de decidir, el juicio de discernimiento. Schmitt sugiere dos apoyos para la construcción de una política, y estos apoyos son de raigambre teológicos. El primero está basado en la necesidad de un acto de excepción para la preservación del campo político. El segundo está basado en la distinción amigo-enemigo, distinción que posibilita las bases del mundo político.
Es sobre este segundo apoyo que los interlocutores de Schmitt han planteado sus objeciones, en general alimentadas por la contemporaneidad de los acontecimientos. Así un Walter Benjamin tomará en la idea de redención, una interrupción de una totalidad que así se propone como falsa. Un Franz Rosenzweig apelará a la dimensión del trípode, creación-revelación-redención para situar todo milagro del acto soberano como interrupción de la excepción. Un Theodor Adorno que insistirá en la no existencia del prójimo como efecto de esa posibilidad, cuyo paradigma localizará en el prójimo muerto de Kierkegaard como ideal de amor. Una Hanna Arendt que podrá pensar al totalitarismo como creación dependiente del distanciamiento hasta la ajenidad con el prójimo. Hasta un Giorgio Agamben, más recientemente, que postulará una lógica de lo abierto para considerar una opción distintiva al paratodo del amigo-enemigo.
Pero ¿no se ubica en el germen de esta discusión aquello que Freud subrayó desde el inicio de sus trabajos como núcleo, en un complejo que llamó del Nebenmensch, y que no dejó de señalar a lo largo de toda su obra. Algo así como una opacidad en el campo, una cosa del mundo, que fue despejando incluso en el esquema que se ubica en su texto sobre el "...análisis del yo"?



05, 2012

Abril, 2012

La propuesta está basada en la proyección con debate del documental de Adam Curtis "Máquinas de felicidad" que encabeza una tetralogía: "El siglo del Yo"



Hay dos temáticas al menos que surgen en el debate, a saber:

  • El documental aporta dos armados, a comienzo del siglo XX, a cada lado del Atlántico, de lo que podríamos denominar la masa social organizada en un mundo con ideales capitalistas y democráticos. El campo freudiano – aquel que se despeja por ejemplo de un texto como “Psicologia de las masas y análisis del yo”- no es ajeno a ninguno de estos dos armados.Para nada ajeno a la interpretación freudiana, en Europa triunfa la postulación del líder como el orientador de la masa desocupada. Joseph Goebbels apenas tuvo que encender la mecha de “sangre y tierra” para que la multitud explotara enardecida buscando refugio en un Führer. Parece que siempre tuvo un ojo puesto a lo que sucedía del otro lado del Atlantico donde, y desde la visión organizativa de un pariente político de Sigmund Freud, Edward Bernays, el armado es sutilmente diferente. Bernays, quien postula en su escrito “Propaganda” de 1928 que: “A menudo, nuestros gobernantes invisibles no conocen la identidad de sus iguales en este gabinete en la sombra.” Este postulado de un gobierno invisible, inserto en la malla gubernamental se postula como lo necesario para todo gobierno democrático. Para Bernays quien ocupa el lugar de líder tiene éste nombre: corporación. Y si nos guiamos de los dichos de su hija, lo que corresponde ubicar en el lugar de la masa para Bernays son los estúpidos.Ubicando las cosas de esta forma podemos despejar una diferencia, aunque no de estructura, en lo que denominamos un campo freudiano: la dupla lider-masa y la dupla corporación-estúpidos, son dos modos de ubicar el almenosuno que se posiciona en un lugar de excepción, a cargo del acto soberano, y de ubicar el paratodos que, en un plano de igualdad, fraternidad, equidad… no deja de instalarse en un plano legal. En este contexto aparece la pregunta por el prójimo. Está claro que un prójimo no puede encontrar su lugar en el paratodos de la masa organizada. No tan claro resulta ubicarlo del lado del almenosuno. ¿dónde entonces, cuál es el lugar del prójimo? Es una pregunta de incumbencias ética, política y teológica.

  • El documental a su vez nos orienta en el desarrollo de un mercado que no es ajeno, aunque no sea desde el punto de vista de la producción o del consumo, a una teoría del deseo. Si volvemos a Bernays que se ocupó bastante de este asunto, “la nueva propaganda sirve para focalizar y satisfacer los deseos de las masas”, “la gran mayoría de los pensamientos y acciones del hombre son sustitutos compensatorios de deseos que éste se ha visto obligado a reprimir.” Esta teoría basada en el psicoanálisis desplaza a la del “viejo propagandista que basaba su trabajo en una psicología de las reacciones de corte mecanicista, antaño de moda en nuestras universidades.” Así, el acento se corre de la idea de la necesidad hacia una modificación en la concepción de la demanda: “En consecuencia, si a principios del siglo XIX la demanda creaba la oferta en el seno de un sistema de producción dominado por la artesanía o la producción a pequeña escala, hoy en día la oferta no puede quedarse de brazos cruzados y debe intentar crear la demanda correspondiente.” Esa demanda puede enunciarse como: Deseo de algo. Pero entonces, cuando el deseo no es próximo a una demanda ¿también se lo puede postular como: deseo de algo?

Entre la pregunta por el prójimo que se deduce y la pregunta por el deseo, el debate procura una puesta en forma de los argumentos que van surgiendo y es por allí que se intentará continuar.