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11,2012



¿El psicoanálisis en el siglo del Individualismo?

A partir de la documental de Adam Curtis “The Century of self” (2002), tomamos testimonio de que la primerísima introducción, y eficaz incidencia, de la teoría freudiana en los Estados Unidos, estuvo a cargo de Edward Bernays, sobrino político del inventor del psicoanálisis. Esta serie fundamenta cómo, importando las teorías de Sigmund Freud, empresarios primero y gobiernos después confiaron en poder sacar provecho al controlar de modo eficaz las consecuencias económicas derivadas del nuevo fenómeno que presentaba el Siglo XX: die massen.Los primeros efectos de haber encauzado esta figura de amenaza del orden social como motor de la economía mercantil, hizo que un prestigioso hombre de negocios declarara que “…deben ser cambiadas las necesidades económicas en deseos culturales. Las personas deben ser entrenadas para desear cosas nuevas, incluso antes de que las hayan consumido por completo (…) el deseo del hombre será aquello que debe eclipsar ahora a sus necesidades". (Mazur, Paul; “America Looks Abroad: The New Economic Horizons” Viking Press, 1930).



Por su parte el mismo Bernays en su libro Propaganda, afirmaba “La manipulación consciente e inteligente de las costumbres y las opiniones de las masas es un elemento importante en la sociedad democrática. Los que manipulan este mecanismo inadvertido de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país.” (EEUU,1928; Ed.Melusina, Bs As, 2008)

Si bien es la dinastía de Freud la que se halla en el corazón de la historia que la documental relata —Edward Bernays, sobrino e inventor de las public relations, Anna Freud, hija y psicoanalista de la educación, y Matthew Freud, nieto y actual gurú de la comunicación empresarial—, los actuales practicantes del psicoanálisis no quedan por ello exentos de manifestarse al respecto. Sobre todo contando con la puesta en perspectiva introducida por otro psicoanalista, Jaques Lacan, a partir de los años 50’, nos referimos a la otra escena que lo familiar, como aquello que permite dar cuenta del deseo de otra cosa. Primer avance entonces hacia el desencuentro propio de la dimensión del prójimo a la que había referido Freud, vía el entramado del complejo de intrusión y la aparición del otro de lo social, ambos presentes en el Lacan de 1938.

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Disertaciones de Guillermo Díaz y Diego Yaiche en las Jornadas de fin de año 2012 que organizó la Universidad de Palermo, facultad de Psicología a cargo de la Lic. Isabel García. El debate se centro en la proyección del documental Maquinas de felicidad de Adams Curtis con posterior intervenciones del publico en la sala. Establecimiento de Diego Yaiche
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05, 2012

Abril, 2012

La propuesta está basada en la proyección con debate del documental de Adam Curtis "Máquinas de felicidad" que encabeza una tetralogía: "El siglo del Yo"



Hay dos temáticas al menos que surgen en el debate, a saber:

  • El documental aporta dos armados, a comienzo del siglo XX, a cada lado del Atlántico, de lo que podríamos denominar la masa social organizada en un mundo con ideales capitalistas y democráticos. El campo freudiano – aquel que se despeja por ejemplo de un texto como “Psicologia de las masas y análisis del yo”- no es ajeno a ninguno de estos dos armados.Para nada ajeno a la interpretación freudiana, en Europa triunfa la postulación del líder como el orientador de la masa desocupada. Joseph Goebbels apenas tuvo que encender la mecha de “sangre y tierra” para que la multitud explotara enardecida buscando refugio en un Führer. Parece que siempre tuvo un ojo puesto a lo que sucedía del otro lado del Atlantico donde, y desde la visión organizativa de un pariente político de Sigmund Freud, Edward Bernays, el armado es sutilmente diferente. Bernays, quien postula en su escrito “Propaganda” de 1928 que: “A menudo, nuestros gobernantes invisibles no conocen la identidad de sus iguales en este gabinete en la sombra.” Este postulado de un gobierno invisible, inserto en la malla gubernamental se postula como lo necesario para todo gobierno democrático. Para Bernays quien ocupa el lugar de líder tiene éste nombre: corporación. Y si nos guiamos de los dichos de su hija, lo que corresponde ubicar en el lugar de la masa para Bernays son los estúpidos.Ubicando las cosas de esta forma podemos despejar una diferencia, aunque no de estructura, en lo que denominamos un campo freudiano: la dupla lider-masa y la dupla corporación-estúpidos, son dos modos de ubicar el almenosuno que se posiciona en un lugar de excepción, a cargo del acto soberano, y de ubicar el paratodos que, en un plano de igualdad, fraternidad, equidad… no deja de instalarse en un plano legal. En este contexto aparece la pregunta por el prójimo. Está claro que un prójimo no puede encontrar su lugar en el paratodos de la masa organizada. No tan claro resulta ubicarlo del lado del almenosuno. ¿dónde entonces, cuál es el lugar del prójimo? Es una pregunta de incumbencias ética, política y teológica.

  • El documental a su vez nos orienta en el desarrollo de un mercado que no es ajeno, aunque no sea desde el punto de vista de la producción o del consumo, a una teoría del deseo. Si volvemos a Bernays que se ocupó bastante de este asunto, “la nueva propaganda sirve para focalizar y satisfacer los deseos de las masas”, “la gran mayoría de los pensamientos y acciones del hombre son sustitutos compensatorios de deseos que éste se ha visto obligado a reprimir.” Esta teoría basada en el psicoanálisis desplaza a la del “viejo propagandista que basaba su trabajo en una psicología de las reacciones de corte mecanicista, antaño de moda en nuestras universidades.” Así, el acento se corre de la idea de la necesidad hacia una modificación en la concepción de la demanda: “En consecuencia, si a principios del siglo XIX la demanda creaba la oferta en el seno de un sistema de producción dominado por la artesanía o la producción a pequeña escala, hoy en día la oferta no puede quedarse de brazos cruzados y debe intentar crear la demanda correspondiente.” Esa demanda puede enunciarse como: Deseo de algo. Pero entonces, cuando el deseo no es próximo a una demanda ¿también se lo puede postular como: deseo de algo?

Entre la pregunta por el prójimo que se deduce y la pregunta por el deseo, el debate procura una puesta en forma de los argumentos que van surgiendo y es por allí que se intentará continuar.